Te voy a contar un breve cuento
Había una vez, hace mucho mucho tiempo un buen hombre, que vivía solo
en su humilde casa.
Llevaba una vida sencilla, sin grandes complicaciones, tenía muchos
amigos y le encantaba reír y bromear. Procuraba hacer el bien a los
demás y era simpático y agradable con todo el mundo.
Él pensaba que era feliz, pero cada noche cuando se acostaba notaba un
vacío muy grande, sentía una sensación extraña y sin saber por qué la
tristeza le envolvía y notaba una opresión rara en su corazón. Él
pensaba que eran sus muchas ocupaciones y no le daba importancia.
Un día, navegando por Internet, un ángel se le apareció. Conoció una
persona, que vivía muy lejos de él, que desde el primer momento le
sorprendió. Tenía en su sonrisa, algo especial, algo divino, que se
quedó grabado en su imaginación. Comenzaron a enviarse correos y fue
conociéndola y descubriendo un mundo de belleza maravillosa que le
envolvió.
Empezó a notar, fuerza interiores que nunca había notado, alegrías
nuevas, se dio cuenta que ahora si era feliz de verdad, y por las
noches, en las que antes sentía soledad y congoja, notaba felicidad,
ansía por llegar al día siguiente y encontrar unas nuevas palabras en
el correo, de su ángel.
Repetía una y otra vez una palabra mágica que le transportaba al mundo
de la ilusión, de la felicidad: “Carla”
Y era tanta la felicidad que le embargaba, que en ocasiones una dulce
lágrima surcaba su cara endurecida por la vida.
Mi cuento todavía no tiene final, pero me gustan los finales felices,
seremos capaces de hacerlo terminar bien.
Un beso.
Ricardo Luis
Había una vez, hace mucho mucho tiempo un buen hombre, que vivía solo
en su humilde casa.
Llevaba una vida sencilla, sin grandes complicaciones, tenía muchos
amigos y le encantaba reír y bromear. Procuraba hacer el bien a los
demás y era simpático y agradable con todo el mundo.
Él pensaba que era feliz, pero cada noche cuando se acostaba notaba un
vacío muy grande, sentía una sensación extraña y sin saber por qué la
tristeza le envolvía y notaba una opresión rara en su corazón. Él
pensaba que eran sus muchas ocupaciones y no le daba importancia.
Un día, navegando por Internet, un ángel se le apareció. Conoció una
persona, que vivía muy lejos de él, que desde el primer momento le
sorprendió. Tenía en su sonrisa, algo especial, algo divino, que se
quedó grabado en su imaginación. Comenzaron a enviarse correos y fue
conociéndola y descubriendo un mundo de belleza maravillosa que le
envolvió.
Empezó a notar, fuerza interiores que nunca había notado, alegrías
nuevas, se dio cuenta que ahora si era feliz de verdad, y por las
noches, en las que antes sentía soledad y congoja, notaba felicidad,
ansía por llegar al día siguiente y encontrar unas nuevas palabras en
el correo, de su ángel.
Repetía una y otra vez una palabra mágica que le transportaba al mundo
de la ilusión, de la felicidad: “Carla”
Y era tanta la felicidad que le embargaba, que en ocasiones una dulce
lágrima surcaba su cara endurecida por la vida.
Mi cuento todavía no tiene final, pero me gustan los finales felices,
seremos capaces de hacerlo terminar bien.
Un beso.
Ricardo Luis
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